Mundial 2026 genera derrama de 2,543 mdd en México
El Mundial 2026 dejó una derrama económica de 2,543 millones de dólares en México, equivalente al 0.12% del PIB, y contribuyó a la creación de más de 100,000 empleos temporales.
Cuando el silbatazo final marcó el cierre del Mundial 2026 en México, también comenzó el balance de uno de los acontecimientos económicos más importantes que ha vivido el país en los últimos años. Más allá de los estadios llenos y la celebración deportiva, el torneo puso a prueba la capacidad del país para convertir un evento global en crecimiento económico. El resultado fue una derrama de 2,543 millones de dólares, equivalente a 0.12% del Producto Interno Bruto, además de la creación de más de 100,000 empleos temporales.
Aunque la cifra quedó 7% por debajo de las proyecciones elaboradas a principios de año por Deloitte, el campeonato dejó una radiografía mucho más valiosa sobre las fortalezas y los desafíos que enfrenta la economía mexicana. El estudio “¿Qué sucede después del Mundial? El impacto económico en los negocios”, elaborado por Deloitte, muestra que la historia del torneo no estuvo escrita por el turismo internacional, sino por el mercado interno.
Fueron los propios mexicanos quienes sostuvieron la mayor parte de la actividad económica a través del consumo en restaurantes, bares, comercios, centros de entretenimiento y servicios relacionados con la competencia.
La participación de la Selección Mexicana hasta el quinto partido prolongó el entusiasmo durante varias semanas y multiplicó el gasto en alimentos, bebidas, artículos deportivos y reuniones para seguir cada encuentro, incluso entre personas que habitualmente no consumen futbol.
Este comportamiento representa una de las mayores fortalezas de la economía mexicana. El Mundial demostró que existe una demanda interna capaz de reaccionar rápidamente cuando convergen factores emocionales, culturales y comerciales. Para miles de empresas, desde pequeños negocios hasta grandes cadenas nacionales, el torneo funcionó como un acelerador de ventas y una oportunidad para fortalecer su relación con los consumidores. También confirmó que el consumo de los hogares continúa siendo uno de los pilares más sólidos del crecimiento económico del país.
La experiencia también abre oportunidades de largo plazo. La infraestructura desarrollada para albergar un evento de esta magnitud, la capacidad logística demostrada por las ciudades sede y la respuesta del sector privado fortalecen la posición de México como anfitrión de futuras competencias deportivas, congresos internacionales, exposiciones y eventos de negocios. Cada uno de estos encuentros representa una posibilidad para atraer inversión, incrementar el turismo de alto valor y generar nuevas oportunidades para sectores como la hotelería, la movilidad, la gastronomía, el comercio y los servicios profesionales.
Sin embargo, el Mundial también evidenció debilidades que limitaron el impacto económico esperado. Deloitte proyectaba la llegada de 836,000 visitantes, pero finalmente arribaron 494,000 personas, de las cuales únicamente 198,000 fueron turistas extranjeros. El estudio señala que el incremento en los precios de las entradas redujo el acceso a los estadios y limitó el atractivo del torneo para una parte importante de los viajeros internacionales. Esta situación disminuyó el efecto multiplicador que normalmente genera el turismo sobre hoteles, transporte, comercio y actividades recreativas, recordando que la competitividad de un destino también depende de ofrecer experiencias accesibles y atractivas para distintos perfiles de consumidores.
Los resultados regionales reflejan esa misma combinación de fortalezas y retos. La Ciudad de México concentró la mayor derrama económica con 548 millones de dólares y más de 21,000 empleos temporales, seguida por Jalisco con 290 millones y Nuevo León con 270 millones. Aunque las tres entidades registraron cifras inferiores a las previstas inicialmente, el resto del país generó alrededor de 640 millones de dólares gracias al incremento del consumo nacional. Esto demuestra que los beneficios económicos de un evento internacional pueden extenderse más allá de las sedes oficiales cuando existe una base sólida de consumidores y empresas capaces de responder al aumento de la demanda.
El análisis de Deloitte, apoyado en herramientas de Inteligencia Artificial y datos de Google Trends para identificar la intención de compra de los consumidores, confirma que los partidos de la Selección Mexicana fueron el principal detonador del gasto. La gastronomía encabezó los beneficios económicos con una derrama de 584 millones de dólares, mientras que el comercio minorista alcanzó 433 millones. Los datos reflejan una tendencia cada vez más relevante para el sector empresarial: la economía de las experiencias se ha convertido en un motor capaz de transformar emociones colectivas en oportunidades de negocio para industrias muy diversas.
Al mismo tiempo, el balance del Mundial deja sobre la mesa amenazas que deberán atenderse si México busca maximizar el potencial económico de futuros eventos internacionales. La competencia entre países por atraer turismo, inversión y espectáculos de gran escala será cada vez más intensa, mientras que factores como los costos de acceso, la inflación y la capacidad para ofrecer una experiencia integral influirán directamente en la decisión de millones de visitantes. A ello se suma el riesgo de construir expectativas demasiado optimistas que posteriormente generen diferencias significativas entre las proyecciones y los resultados finales.
Más que una cifra, los 2,543 millones de dólares que dejó el Mundial representan una fotografía del momento que vive la economía mexicana. El torneo confirmó que el país posee un mercado interno resiliente, empresas capaces de responder rápidamente a los ciclos de consumo y ciudades con experiencia para organizar eventos de talla mundial. El siguiente desafío consiste en transformar ese impulso temporal en una estrategia permanente que fortalezca la competitividad, incremente la atracción de turistas e inversiones y convierta cada gran evento internacional en un catalizador de crecimiento sostenido. Si el Mundial 2026 marcó un antes y un después para el deporte, ahora corresponde al sector empresarial demostrar que también puede convertirse en el punto de partida de una nueva etapa para la economía mexicana.
Colaboración: Editorial Auge.
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